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Arquitectura, un fenómeno global

Desde los albores del pensamiento histórico acerca de la arquitectura, ésta se ha manifestado en distintas etapas evolutivas (desde la concepción del proyecto hasta la construcción real), pero careció a menudo de una fuente orgánica de sustentación.

A veces ha sido enfocada como una práctica sin teoría; otras, como una respuesta concreta y empírica a las necesidades del hábitat por parte del hombre; y, también, como ligada a la práctica artística, de donde los estudios extrajeron ideas y conceptos para comprenderla.

Actualmente, numerosas disciplinas facilitan la materialización de teorías acerca de la arquitectura y existen equipos interdisciplinarios en distintas partes del mundo, que dialogan sobre los proyectos como sobre la ejecución de las obras. Desde el punto de vista teórico, sin embargo, esta labor interdisciplinaria unida a la práctica de la transformación del entorno, no tiene un correlato estructurado.

Nuestra preocupación es esta carencia, ya que resulta evidente que si la arquitectura es un fenómeno íntimamente ligado a todas las actividades sociales del hombre, se necesita una reflexión antropológica acerca de lo arquitectónico.

Pero con el desarrollo incesante de las disciplinas científicas, esta reflexión no puede ser simple y llanamente antropológica en su sentido tradicional: es precisa la intervención, para la comprensión del complejo proceso de la arquitectura, de fuentes teóricas como la ecología, la física, la sociología, la psicología y otras ramas del conocimiento científico, tanto de las ciencias naturales como de las sociales.

Casi diríamos que es allí donde se produce el fenómeno arquitectónico, donde la confluencia de distintas corrientes de pensamiento y su complementación (sobre todo, con las disciplinas acerca de la sociedad y la naturaleza) se presenta como imprescindible y como condición sine qua non de la captación adecuada del objeto arquitectural.

Estas reflexiones generales tienen, no obstante, que ser particularizadas para cada época y cada territorio, ya que de lo contrario, su amplitud sería tal que no nos permitiría la comprensión de los estilos concretos realizados en momentos determinados y en latitudes específicas. Para llegar a lo particular, y en nuestro caso, a las formulaciones de algunas hipótesis acerca de la arquitectura actual de Buenos Aires, debemos partir de lo general, especialmente del conjunto de los obstáculos que en el pensamiento acerca de lo arquitectural se oponen a la correcta concreción de obras adecuadas a su medio y a las condiciones de la sociedad donde van a ser erigidas.

El desarrollo de cualquier tipo de conocimientos acerca del mundo, si lo analizamos retrospectivamente y con sentido histórico, explicita que los conceptos que en cada época se desarrollan acerca de un tema o un objeto teórico, sufren el embate de obstáculos que se oponen a su desenvolvimiento. Estos obstáculos, que pueden ser de distinto tipo, han sido analizados por excelencia en el dominio científico, en particular en las ciencias naturales. También en las ciencias sociales existe hoy una tendencia semejante, vale decir, encaminada al examen de los escollos que impiden el acceso científico a la realidad.

Una vez superados estos obstáculos, se accedería al pleno conocimiento del objeto estudiado, habiendo despojado a la teoría de los prejuicios y preconceptos que desnaturalizan la problemática de las ciencias sociales. Pero, en rigor, en la historia del pensamiento, cuando se superan ciertos obstáculos, se presentan otros.

Uno de los obstáculos que encontramos echando una hojeada a la historia del pensamiento arquitectural, es la creencia en la universalidad y atemporalidad de ciertas estructuras para proyectar y construir. Es una traba poderosa y actualmente presenta distintas variantes, la más desarrollada de las cuales es el “internacionalismo arquitectural”, con las siguientes bases:

1-     Existen modelos eternos, desde el punto de vista funcional y estético para la solución de las necesidades del ambiente, del sujeto como ser que exige una respuesta concreta a sus necesidades.

2-     Estos modelos pueden ser aplicables (no importa en que momento o región del planeta) y su validez radica en una especie de estatuto trascendental, generalizado a partir de las comunicaciones cada vez más difundidas desde el punto de vista pedagógico y formativo, y que hacen que en las distintas latitudes se promocionen modelos constructivos basados en las técnicas y desarrollos de las más importantes metrópolis.

Este universalismo abstracto no tiene en cuenta la especificidad de las demandas inmediatas y concretas de los distintos lugares, y se convierte en un abstraccionismo pregonado como válido en todas partes.

Otra variante del mismo enfoque es la creencia en una eterna repetición, expresada en las teorías y los mitos acerca del eterno retorno. La frase que sintetiza esta postura puede resumirse así, en el terreno arquitectural: “Los viejos estilos siempre vuelven”. No es un pensamiento del todo desacertado, si tenemos en cuenta que, efectivamente, en el terreno de la arquitectura se han reivindicado retóricas ancestrales y vuelto a poner de moda estilos constructivos de otras épocas. Pero siempre que esto sucedió, fue debido al predominio no creativo y carente de originalidad, lo que no es directamente imputable al arquitecto: pesan sobre él las determinaciones históricas, de las que es, a veces, sujeto pasivo.

Contrariamente al obstáculo anterior, vemos afianzarse uno complementario de aquél: el obstáculo localista. Se podría pensar que el hecho de planificar y construir exclusivamente en función de intereses y expectativas locales e idiosincráticas, constituye una solución más adecuada a la realidad de una región, que la anterior propuesta imanentista. Pero el obstáculo, en este caso, radica en lo expuesto, hecho que consideramos positivo, sino en que a este pensamiento normalmente lo acompaña una reivindicación de lo constructivo local, una especie de “indigenismo arquitectónico” que tampoco crea en función de las necesidades concretas sino que muestra, en relación con el pasado, un cordón umbilical inquebrantable.

El prejuicio de la conservación y la reproducción de lo ya hecho domina este enfoque en numerosos países, donde en lugar de adecuar los medios a los fines, se convierte a los medios en fines en sí mismos.

Existe otra variante en el cúmulo de obstáculos que se ofrecen al investigador, y que por su extensión o importancia incluimos en la consideración de los problemas referidos a la realización arquitectónica. Se trata de una especie de síntesis de aspectos contradictorios, que pertenecen a uno u otro de los obstáculos ya mencionados: el abstactista y el localista. Y es de suma importancia teórica, ya que resulta de la opción entre las distintas formas de replantear el problema de la superación tanto del universalismo abstracto como del regionalismo exclusivista y clausurado.

Pero esta opción es, en sí misma, un eclecticismo que no recupera los valores tradicionales ni incluye los nuevos: la falta de creatividad se manifiesta flagrantemente en este tipo de soluciones que, en lugar de erigir síntesis creativas, se presentan como un mosaico de lo existente, que desde el punto de vista retórico podríamos calificar como una verdadera acumulación.

La combinación de lo nuevo y lo viejo sólo se sustenta creativamente cuando lo nuevo es adecuado a lo tradicional y no transgrede diametralmente las expectativas sociales, como el necesario valor funcional y, en particular, cuando el estilo que resulta como síntesis armónica se opone a la multiplicidad sintagmática de elementos que no guardan relaciones entre sí (mosaico).

El electicismo, muy cercano a una arquitectura del desastre (en sus aspectos semánticos, por supuesto), es una síntesis, en otros casos, de la no creatividad de los arquitectos de una época determinada, de la ausencia de novedad e ingenio proyectivo y constructivo.

Como oposición a los obstáculos abstraccionistas y los regionalistas, pero fuertemente adversaria de una arquitectura ecléctica, es factible una síntesis integrativa de las prácticas de transformación del entorno. Trataremos de definir inicialmente lo que entendemos por síntesis integrativa, en sus aspectos diferenciales con respecto al eclecticismo:

1-     La síntesis integrativa incorpora lo nuevo sin entrar en contradicción con las condiciones del desarrollo de la urbanización en las grandes ciudades.

2-     Los aspectos positivos o valencias creativas no son el fruto de una espontánea improvisación sino el efecto de estudios que tienen como objeto investigar cómo lo creativo debe integrarse a lo ya existente.

3-     La articulación de lo nuevo con lo existente se realiza en vista de las posibilidades dialécticas de transformación de lo ya dado, que, fatalmente, con el tiempo, tendrá que ser sustituido. En ese momento, se trata de que el sustituto se adecue a lo creativo ya realizado.

En realidad, una síntesis integrada es un retomar los valores de la constructividad local para su propio ejercicio y desarrollo. Pero, este retomar implica una transformación y no una simple copia o reproducción mecánica, como lo que se produce en los intentos eléctricos.

Las grandes urbes actuales presentan a menudo un panorama multifacético de estilos y retóricas constructivas. Este es el hecho, y lo proyectado hoy tiene que tenerlo en cuenta para que la ejecución no se oponga a lo existente. De esta forma, una cierta anticipación debe prevalecer en la concepción del profesional que está a cargo de la transformación del hábitat.

Los reales operadores arquitecturales se caracterizan por los siguientes elementos:

A-    Tiñen con su propio color la producción arquitectónica de distintos estados del desarrollo histórico de un hábitat determinado, esto es, imponen su marca semántica a las otras construcciones y se convierten en modelos de producción.

B-    Sólo se corrobora su eficacia a posteriori, luego de analizar las etapas a través de las cuales funcionaron efectivamente como modelos.

C-    Caducan fatalmente después de un cierto tiempo en el proceso dialéctico de los cambios del entorno, convirtiéndose en ese momento en obstáculos a ser superados.

D-    Introducen lo creativo sintetizando las retóricas regionales con las internacionales.

E-     Armonizan en el sentido sincrótico y a la vez son puntos de pasaje entre distintos estados en el eje histórico.

Todos estos puntos presentan una incuestionable importancia para la consideración de problemas que entran de lleno en una epistemología arquitectónica. Es más: si la epistemología analiza los conceptos más generales acerca de lo constructivo a través de su comparación histórica (tanto lo dicho por los arquitectos como por los no arquitectos), el concepto de operador arquitectural en la sociosemiótica pasa a ser una categoría del discurso epistemológico.

Como en el caso de las ciencias sociales y naturales, la epistemología de la arquitectura necesita investigar, a partir de clases extensas de categorías abarcativas, en los discursos acerca de la naturaleza de la arquitectura, pero, relacionando esos discursos con los contextos a los que aluden, con sus verdaderas circunstancias productivas.

El pasaje de las definiciones de lo arquitectural por parte del hombre exige así tener en cuenta, en el recorrido epistemológico, las condiciones concretas en que cada pensador calificó lo arquitectónico o lo definió de determinada manera.

Lo arquitectónico característico llega al usuario y deja sus marcas en la comunidad. Nos referimos a cualquier tipo de construcción corriente cuya inmediatez en la vida cotidiana condiciona en forma directa la participación social, el desarrollo de las relaciones interpersonales y la personalidad individual.

Todavía no se ha investigado hasta que punto un determinado complejo urbano, modifica y conforma las pautas generales de comportamiento del hombre, o en que medida constituye un medio nutricio de la formación de su imagen del mundo.

Los nuevos esquemas topológicos derivados de una insuficiente comprensión de las necesidades y expectativas socioculturales, con el tiempo, son obstáculos al desenvolvimiento económico de la sociedad.

Queremos llamar arquitectura congelada a un régimen de modificaciones del entorno que carezca de operadores arquitecturales adecuados. El congelamiento no debe ser interpretado en este contexto como lo que no cambia, sino como lo que “cambia para que todo siga siendo igual”. Trataremos de explicarnos. Supongamos que no estamos frente a verdaderos operadores, en este caso, los supuestos operadores serán cuñas incrustadas en el mosaico exterior y no cumplirán con el requisito fundamental de adecuarse al régimen de verosimilitud, no significarán puntos de anclaje de futuros cambios, etc.

Esto significa que no existe la arquitectura neutra: sus valencias son siempre positivas o negativas.

Los imponderables creativos y artísticos incorporados a los operadores arquitecturales constituyen la verdadera esencia del trabajo consecuente con una perspectiva adecuada a la preservación del entorno, del equilibrio ecológico y con la anticipación y la planificación urbanística.

Lo creativo se puede definir como un factor que concurre a la función de catalización que otorgamos a los operadores. La creatividad se ubica en el centro de la  planificación y la proyección en el entorno físico y cultural.

El permanente proceso de cambio experimentado por la sociedad global y las grandes metrópolis; las migraciones y los fenómenos geopolíticos se vieron reflejados en las crisis periódicas de la arquitectura, específicamente en el pensamiento arquitectural y la labor proyectiva de cada momento histórico.

En síntesis, se trata de no considerar más a la arquitectura como una práctica aislada y autónoma, sino de ver sus correlaciones con el resto de la vida social para lograr un equilibrio necesario para el ciudadano. Equilibrio que si falta, hará peligrar la función social general y pondrá en crisis la estructura general del sistema.

El Buenos Aires de hoy, con sus nuevas construcciones, es todavía un tímido esbozo de lo que será nuestra ciudad dentro de pocos años. Solo creando en el público la conciencia de su ubicación como sujeto topológico colectivo (el receptor es también protagonista de la práctica de la arquitectura), se podrán seguir produciendo las obras que ya comenzaron a cambiar la ciudad.